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Me gustan las marcas y sus historias. Quizás te preguntes por qué.
Pues supongo que porque soy una persona curiosa y porque me gusta analizar las cosas e intentar llegar al fondo de la cuestión. Y porque, como a muchos profesionales liberales y emprendedores, me gusta leer historias de éxito -y también de fracaso- de otras personas que han decidido sacar adelante sus proyectos.
Quizás hayas leído un libro llamado “75 historias de marketing con moraleja” de Giles Lury (Ed. LID). Si no lo has hecho, te lo recomiendo profundamente si te interesan las marcas y el marketing.
En él, puedes descubrir historias (ojo, se viene spoiler. Si no quieres que te adelante nada, sáltate este y el párrafo siguiente) como, por ejemplo, que la frase “Just do it”, el famosísimo eslogan de Nike, está inspirado en las últimas palabras de un asesino antes de ser ejecutado en 1977.
También se explica cómo nació el “Post-it” que, de hecho, fue a raíz de algo que no salió bien. La idea era crear un pegamento extrafuerte para cinta adhesiva y, al dar con el pegamento que hoy en día acompaña las pequeñas hojas de papel, surgió la idea de crear el bloc de oficina que, hoy en día, utilizamos de forma habitual.
Ahora sí, te cuento lo mío. No tiene tanto jugo como las historias anteriores, pero a mí me ilusiona explicarlo. En mi vida profesional he trabajado mucho con mi nombre y mi primer apellido (Sònia Ferrer). Así se me conoce popularmente en mi campo. No obstante, es un nombre bastante frecuente (un día os contaré historias de confusiones relacionadas con la Sonia Ferrer de la tele, una maravillosa persona, por cierto). El caso es que cuando decidí crear mi marca alrededor de la comunicación, quería diferenciarme de alguna manera y, a la vez, que la marca transmitiese alegría, frescura, el tono desenfadado con el que me gusta comunicar, una pizca de humor… pero todo ello siendo una marca fácil de identificar y que transmitiese profesionalidad. A mí me gustan las marcas y tal, pero leñe, tampoco soy ninguna experta y creo que, como se dice popularmente “a cada uno, lo suyo”. Así que contacté con la que, para mí, es la mejor: Judith Antolín. Y, en una de nuestras reuniones, se hizo la luz. Le comenté todo esto, miró y remiró mis contenidos en internet hasta la fecha, me entrevistó y se dio cuenta de que en uno de mis perfiles personales utilizaba Sonieta como nombre. Le conté que muchos amigos, cariñosamente, me llaman Sonieta (incluso pronunciado ‘Sunieta’, en catalán). Y decidimos utilizar este nombre para la marca, porque no deja de ser una manera cariñosa con la que los demás se dirigen a mí y, ¡Qué narices! Que soy una persona cercana y quiero que lo sintáis así.
Y, quizás os preguntáis si la doble T tiene algo que ver con Italia -es una pregunta que ya me han hecho antes, por eso os lo digo ;) -. Pues la verdad es que no. Como, antes de dedicarme al 100% a la locución, tenía más proyectos de comunicación y de redes sociales (en algunos todavía sigo trabajando, porque es un campo que también me gusta mucho), me gustaba la idea de que Judith pudiese convertir esa doble T en algo parecido a un Hashtag. Y así fue. Y así es como nació mi marca actual que, por cierto, ¡Me súper encanta! Me siento superidentificada tanto el nombre cómo con sus colores.
De corazón, te doy las gracias por leerme. Espero que te haya interesado el contenido. Me encantaría seguir viéndote por aquí y que, lo que comparto, te aporte cosas que te interesen. Si te apetece, puedes dejar tus comentarios aquí abajo.
Por otro lado, aprovecho para recordarte que puedes encontrarme en Instagram y en Facebook, donde encontrarás más contenidos relacionados con mi trabajo.
Gracias por pasarte. ¡Hasta pronto!
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